La importancia de no terminar las historias

Bueno, me cansé, al final los protagonistas continuaron felices por el resto de la historia atemporal. Vivieron un tiempo en contacto y luego cada uno emprendió su camino... Lo típico: un buen auto, una casa en un barrio lindo y seguro. Llenaron sus corazones de momentos superfluos y banales, compartiendo falsas alegrías ante nuevos conocidos, que no llegaban a completar el significado de la palabra amistad. Aquellos, con quienes prometieron un compañerismo mutuo, a quienes juraron eterna lealtad, apoyo y cariño, están olvidados en la piecita del fondo, ahí donde escondieron sus secretos más terribles, sus placeres más vergonzosos, sus odios y sus amenazas hacia ese personaje desagradable que nunca terminaron de conocer... Luego de un tiempo, recuerdan sus recuerdos. Desolvidan lo que tenían olvidado y se dan cuenta el triste error al que han caído, cambiado aventuras y amistades, por trabajos estables, relaciones apenas aceptables y objetos materiales... Decepcionados por el camino que siguieron, se suicidan el mismo día, a la misma hora, en lejísimos lugares. Quince minutos después, alguien termina de relatar la historia, procurando que nadie capte ningún mensaje encriptado en ella.


La importancia de no crecer

Rose caía por un costado de las rocas, golpeándose finalmente el hombro contra el suelo...
Rosie, ¿estás bien? ¡No deberías haberme seguido! —dijo Gael entre sollozos— ¿Por qué no te quedaste con Julio?
No seas pelotudo, estoy bien, un poco golpeada nomás... ¿A dónde estamos yendo exactamente?
— ¿Ahora? Directo a casa, ya fue suficiente caminata por hoy, busquemos a Julio y pasemos por la plaza, a lo mejor están los demás tomando algo...


"¿Qué te pasó? ¿Por qué estás cubierta de tierra y pasto? ¿Te quisieron robar? ¿Y por qué no la cuidaron ustedes, sus supuestos amigos? Olvidate de tus andadas nocturnas, de ahora en adelante te quiero en la casa antes de que anochezca. No me vengas con reproches ni explicaciones, es la última vez que te dejo ver a esos chicos..."


A veces, la reacción de un adulto preocupado es mucho más perjudicial que el causante mismo de la reacción, pero no tienen la culpa, es ley de vida. A cierta edad solemos olvidarnos de la importancia de romper las sombras con linternas buscando secretos secretísimos, de contar una historia, o de la belleza de un cometa arañando el cielo. Es que en el mundo de los grandes, nada de eso tiene valor.
Aunque hay algunos locos investigadores o científicos, ellos buscan dar luz a los misterios de la vida; también hay quienes cuentan historias en best-sellers; hasta hay algunos que se hacen llamar astrónomos que pasan horas y horas observando los cuerpos celestes, pero reciben una comisión equivalente al tiempo trabajado y al producto o servicio conseguido con la cual deben alimentar a su familia o satisfacer sus deseos más excéntricos. En ambos casos los comprendo.
Es deber de quienes nos consideramos niños recordarles a los grandes que llevar una vida con comodidades no es el mayor logro, los grandes logros son pequeños momentos: un beso, encontrar un juguete viejo, ganar a las escondidas tres veces seguidas, o decidirse a seguir a un amigo y golpearse contra unas piedras para luego recibir un reto no merecido y una prohibición que, tiempo después, nos hubiese gustado haber ignorado para ser felices.-

Los oscuros descubridores de secretos



Un caluroso octubre los hacía transpirar en el jardín de la casona. Sin mucho que hacer ni pensar, esperaban con tranquilidad la aparición de la rebosante luna. Es que esa noche saldrían a buscar señales del cometa del cual habían oído hablar en la televisión. No es que atinaran a ser astrónomos, más bien presumían de ser descubridores de secretos. Y según ellos, un hecho de esas características de seguro entrañaba algún secreto.
Luego de dos largas horas, los tres amigos se pararon y, sin decir palabra alguna, se dirigieron al seto y, metiéndose por un agujero que había en él, se perdieron en la oscuridad.

Luego de caminar en silencio hasta la zona deshabitada del valle que anticipaba a la montaña, se acomodaron cerca de un ancho tocón y se limitaron a observar las infinitas luces y oscuridades del cielo. Por fin, el más alto de los tres habló con aspereza.

¿Estás segura de que sucedería esta noche? —dirigiéndose a Rose— Hace ya tres horas que estamos aquí y no se ve ni se escucha nada...
No te preocupes, Julio, he oído bien las noticias, y no estamos equivocados -respondió despreocupada.

Sin embargo, algo que gritaba en silencio encontró la atención de Gael, quien, aún callado, comenzó a correr a través de las desgastadas rocas, buscando ese lugar que tanto lo llamaba.

7

El pibe necesitaba un trago, algo bien fuerte para aguantar un rato más allá arriba. Se estaba cagando de frío, pero aún le quedaba su botella de Jack Daniels Nº 7. El viento lo acariciaba violentamente y los temblores invadían continuamente su cuerpo.
Todavía no estaba seguro qué carajo hacía ahí, todos le habían dicho lo mismo: "No vas a poder, nadie puede! Quedate seguro en tu casa, pelotudo, es lo mejor que podés hacer..."
Y así llegó el ocaso, ese momento que tanto lo fascinaba desde la comodidad de su sillón; tendría que buscar refugio pronto y descansar, a lo lejos se veía una piedra que lo protegería del viento; pero como venía la mano, probablemente llovería. Se asomó prudentemente al abismo y, a pesar de la densa niebla, vislumbró a lo lejos su pueblo. ¡Cuánto daría por estar tirado en la plaza tomando un vino con la banda! Pero ya era demasiado tarde para lamentos. Tenía que seguir por ese camino sin huella que con tanta obstinación había elegido.
Se despertó con las primeras luces de la mañana. ¡Pero la puta madre que frío que hacía! Se planteó una o dos veces la posibilidad de volver a casa, pero las caras de burla de los menos amables de la plaza aparecieron de repente en su mente. Al fin y al cabo, todo el pueblo lo vio partir. Tendría que haberse ido en plena noche como había hecho el que vivía a la vuelta del Correo, nunca más se supo de él. Y por más que el viento le impedía abrir bien los ojos, no los necesitaba para ver su gris meta. Y por más que estaba cegado por esa gris meta, aún quedaba algún que otro vestigio de la obra sentimental que el Ángel Verde había intentado volcar en ese corazón hacía un tiempo atrás.

















Se asomó prudentemente al abismo y, a pesar de la densa niebla, vislumbró a lo lejos su pueblo.

.

Y en las montañas un castillo
lejos de todo el ruido,
sentir el viento en la cara
no trae el olvido,
porque aun en la más pacífica montaña
la tristeza se ensaña,
por recordar los peores momentos vividos;
Pero mi decepción tarda en llegar,
y no creo que venga hoy,
porque sin dolor y sin pérdida,
no estaría donde estoy,

sentado en mi ventana esperaré hasta mañana,
para recordar y olvidar que ayer fue hoy.


Quisiera escapar de todo lo que me rodea por un minuto, volar alrededor del mundo, sentir el amor a mi lado, y dejar un rato al odio atrapado en un oscuro cajón en lo más interno de mi ser; porque sin odio, amor nunca va a haber, porque sin luz no puede oscurecer.-

Continuar (un sueño de paz)

No te puedo escuchar, adónde estás?
Ya no podré salir a navegar
No te puedo hablar, no se adónde, adónde estás?
Podría ser que no te importe

Continuar

Creías que no me iba a ilusionar?
Me prometiste un cambio especial
Y yo creía tu juego infantil
No te diste cuenta que era importante para mí...

Te fuiste lejos a buscar
Un sueño que acá
no esperabas encontrar
a nuestro lado

Te fuiste lejos a buscar
Un sueño que acá
no esperabas encontrar
a nuestro lado

Ya no es lo mismo de ayer
Somos menos, pero no van a vencer
Nuestros sueños, nuestra dignidad
robaron libertad para soñar

Soñar
Es renovar
nuestras almas
que buscan paz

Te fuiste lejos a buscar
Un sueño que acá
no esperabas encontrar
a nuestro lado

Te fuiste lejos, para evitar
Esta pesadilla sin final

Ya no te puedo recordar
a nuestro lado
Nuestros miedos ocultaron
la verdad

Somos prisioneros de esta sensación
Jugamos con fuego por nuestra razón
Soñar, despertar y continuar
Nuestros miedos silenciaron
la verdad..

El almacén de las cosas perdidas

En la calle Pedernera había un almacén en el que se vendían objetos perdidos. Con el mayor apuro habrá que decir que únicamente podían comprarlos las personas que los habían extraviado. Esta restricción, lejos de ser un estorbo para los comerciantes, constituía el secreto de su prosperidad. Una foto, una muñeca, una carta, una bolita o un dibujo infantil costaban pequeñas fortunas.
El poeta Jorge Allen visitó algunas veces el negocio buscando una vieja camiseta de fútbol. No tuvo suerte. Los dueños le informaron amablemente que ellos sólo vendían una pequeña parte de las cosas perdidas.

- En verdad, la mayoría de los objetos se pierden para siempre- confesaron.

- Es preferible que así sea-explicaba el cajero-. Un mundo en el que nada se perdiera sería un mundo sin amor y sin arte.

Ciertos maledicientes pensaban que el comercio no era sino un refugio de ladrones y reducidores, acusación que nunca fue comprobada.









Un día, los dueños vendieron el almacén a unas personas que juraban haberlo perdido. Ahora funciona allí una pizzería.-