Rose caía por un costado de las rocas, golpeándose finalmente el hombro contra el suelo...
— Rosie, ¿estás bien? ¡No deberías haberme seguido! —dijo Gael entre sollozos— ¿Por qué no te quedaste con Julio?
— No seas pelotudo, estoy bien, un poco golpeada nomás... ¿A dónde estamos yendo exactamente?
— ¿Ahora? Directo a casa, ya fue suficiente caminata por hoy, busquemos a Julio y pasemos por la plaza, a lo mejor están los demás tomando algo...
— Rosie, ¿estás bien? ¡No deberías haberme seguido! —dijo Gael entre sollozos— ¿Por qué no te quedaste con Julio?
— No seas pelotudo, estoy bien, un poco golpeada nomás... ¿A dónde estamos yendo exactamente?
— ¿Ahora? Directo a casa, ya fue suficiente caminata por hoy, busquemos a Julio y pasemos por la plaza, a lo mejor están los demás tomando algo...
"¿Qué te pasó? ¿Por qué estás cubierta de tierra y pasto? ¿Te quisieron robar? ¿Y por qué no la cuidaron ustedes, sus supuestos amigos? Olvidate de tus andadas nocturnas, de ahora en adelante te quiero en la casa antes de que anochezca. No me vengas con reproches ni explicaciones, es la última vez que te dejo ver a esos chicos..."
A veces, la reacción de un adulto preocupado es mucho más perjudicial que el causante mismo de la reacción, pero no tienen la culpa, es ley de vida. A cierta edad solemos olvidarnos de la importancia de romper las sombras con linternas buscando secretos secretísimos, de contar una historia, o de la belleza de un cometa arañando el cielo. Es que en el mundo de los grandes, nada de eso tiene valor.
Aunque hay algunos locos investigadores o científicos, ellos buscan dar luz a los misterios de la vida; también hay quienes cuentan historias en best-sellers; hasta hay algunos que se hacen llamar astrónomos que pasan horas y horas observando los cuerpos celestes, pero reciben una comisión equivalente al tiempo trabajado y al producto o servicio conseguido con la cual deben alimentar a su familia o satisfacer sus deseos más excéntricos. En ambos casos los comprendo.
Es deber de quienes nos consideramos niños recordarles a los grandes que llevar una vida con comodidades no es el mayor logro, los grandes logros son pequeños momentos: un beso, encontrar un juguete viejo, ganar a las escondidas tres veces seguidas, o decidirse a seguir a un amigo y golpearse contra unas piedras para luego recibir un reto no merecido y una prohibición que, tiempo después, nos hubiese gustado haber ignorado para ser felices.-
